Aun siendo la historia y la geografía materias de gran interés para
mí, no puedo negar que el sistema en que se ha impartido tradicionalmente, y
que me dio de lleno en la EGB y el BUP/COU, se basaba casi en exclusiva en la
pura memorística. Pese a ello, puedo considerarme afortunado, ya que los
profesores que tuve en los tres últimos cursos del colegio fueron unos
excelentes narradores de historias que lograron mantener mi interés y pasión
por la asignatura, y cimentarme una buena predisposición a afrontarla.
En cualquier caso, el sentir general hacia el estudio de estas
materias ha sido el de tener que soportar un terrible tedio memorístico, lleno
de datos a retener que poco o nada conectaban con la mayoría del alumnado: de
la famosa “lista de los reyes godos” a
la retención de fechas y números de difícil memorización. En el caso del
estudio de la geografía ocurrían sucesos similares, y el conocimiento de
relieves, ríos y provincias tendía a volverse muy cuesta arriba.
En nuestros tiempos actuales, en los que se busca esa ansiada nueva
enseñanza del siglo XXI, el objetivo de la enseñanza de las Ciencias Sociales
se va orientando, más allá de la memorística, al análisis y al desarrollo de
conciencias críticas: más que recordar fechas en concreto, es más valioso
conocer y ubicar los periodos históricos y analizar el por qué se dieron,
siempre desde una perspectiva de adaptación al pensamiento de la época. La
simple retención de datos queda cada vez más obsoleta, máxime en esta
actualidad en la que los medios de información digital hacen posible la
consulta inmediata de cualquier dato puntual. ¡Cuán diferente habría sido el
estudio de la geografía teniendo herramientas interactivas como Google Earth o
el inmenso material multimedia disponible en la red! Y qué interesante habría
sido estudiar historia acompañados de material multimedia que consultar in situ.
Comentábamos en clase que, probablemente en un futuro no demasiado
lejano, las aulas llegarán a basarse, en un alto porcentaje, en los recursos
TIC, que son, como hemos visto, un importante aliado como recurso. No obstante,
el factor humano sigue siendo el capital para la didáctica de esta asignatura:
si en su momento tuve la suerte de asistir a las clases de buenos docentes que,
aún con los métodos de antes, lograron hacerme sentir pasión por la
asignatura, el docente de hoy día, con todos los recursos disponibles a su
favor, debe creer en lo que hace y dice, y debe disfrutar con aquello que
enseñe. Los curriculums, leyes o planes de centro podrán cambiar según la
situación, pero la persona docente debe tener sus ideas y principios muy
claros: la auto-formación constante, la pasión por la materia y la capacidad
para hacer pensar y reflexionar al alumnado: como hemos visto tantas veces a lo
largo de la carrera, lograr que los alumnos se hagan las preguntas antes que
darles directamente las respuestas a cuestiones que nunca se han planteado.
Existen muchas maneras de afrontar la didáctica de las ciencias
sociales, y los recursos para afrontarla son cada vez mayores; no obstante, lo
más importante es, ante todo, lograr una experiencia de enseñanza en la que los
alumnos aprendan a despertar su mente y conciencia, algo que les ayude a ser
libres y a ser capaces de elegir por sí mismos.
Sobre las Ciencias Sociales como materia que contribuye al
desarrollo personal, social y autocrítico de los alumnos, ¿Ha sido siempre así?
No podemos olvidar que una de las señales de un estado saludablemente
democrático es la preocupación por tener una población bien formada, lo que
incluye una enseñanza de las ciencias sociales que sea lo más objetiva posible,
dentro de lo siempre difícil que es ser objetivo en estas materias, en especial
en la de Historia. Una famosa frase reza que “la historia la escriben los
vencedores” y precisamente, más allá de pensamientos y orientaciones
personales, es necesario indagar, buscar y pensar con la mayor objetividad
posible acerca de los hechos a tratar, buscando en lo factible la libre
formación del pensamiento del alumno.
Si antes todo se reducía al “retén los datos, que luego los
interpretarás”, el camino que deberíamos seguir hoy en día es el de “piensa,
analiza y consulta los datos”. Son muchas las situaciones en las que podemos
encontrar sistemas que no se diferencian demasiado de aquellos centrados en la
memorística, mas en nosotros está el luchar contra la inercia del día a día,
contra el camino fácil de “repetir lo que está en el libro” y buscar nuevos
métodos y estrategias que permitan una enseñanza satisfactoria de estas
asignaturas.


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